Don Aurelio no se deja atropellar por la tecnología

Los obstáculos de la vida no son impedimento para progresar, mucho menos si se tienen ganas. Y esta premisa sí que la aplica don Aurelio Suárez, un campesino sonsoneño que jamás se ha rendido ante la posibilidad de salir adelante. Aunque quiso abrirse paso para conocer nuevos horizontes y estuvo trabajando en otras partes del país, volvió a Sonsón, Antioquia, a cultivar, trabajar y vivir su minifundio.

Hace cinco años que el Café Boquerón comenzó a producirse de manos de don Aurelio y su familia. El hecho de que venderlo sin procesarlo generaba pérdidas, ayudó a que naciera en él la idea de hacer la producción completa de café. Así fue como entre experimentos, quemaduras y más pérdidas, emprendió su negocio, el cual ahora es sustento diario suyo y de su familia.

Además de manejar el negocio familiar, pues lo hace muy bien como gerente, también se mete al ruedo, trabaja de la mano con su esposa Lucrecia Orozco, su hija Gloria y sus nietos Juan David y Ana María, incluso en las labores del hogar. Es líder comunitario y representante de los desplazados en el municipio de Sonsón. Este hombre ha vivido el campo en su esplendor y no se arrepiente de tener su hogar en un lugar donde cada mañana se despierta con un bello paisaje verde ante sus ojos.

Pasando montañas se llega a la finca Boquerón, una de las 134 viviendas ubicada en la vereda Los Medios, a poco más de 16 kilómetros de la cabecera municipal. Su única vía de acceso es una carretera destapada. El desplazamiento hasta allí se puede hacer en moto, carros altos y el medio de transporte más común y utilizado, la línea, una ruta de escalera (llamada por los citadinos chiva) que pasa a pocos metros de la entrada principal de la finca. Desde la portada se avistan unos cuantos yarumos que, con sus hojas plateadas, contrastan en el cielo azul de sol radiante y las montañas verdes de Antioquia y Caldas. Ya internados en el paisaje vemos la casa blanca en la que resalta el jardín variado y colorido.

Es una parcela muy fructífera, don Aurelio recorre a diario los siete lotes de cafetales que abarcan casi las cuatro hectáreas de la finca, pues, como él dice, es necesario tener siempre el control sobre la cosecha para saber que todo marcha bien. Desde que empezó su producción ha sido indispensable la colaboración y acompañamiento de su familia, quienes ayudan al crecimiento diario de la empresa. Ellos cumplen con todas las funciones que demanda este tipo de empresa y pese a que tienen computador con conexión a internet, utilizan papel y lápiz para llevar las diferentes cuentas: estado de las plantas: riego, abono y fumigación; cosecha y producción; ventas, compras y clientes.

A don Aurelio lo “embiste” la tecnología digital, pero jamás lo hará el café, porque algo que se hace con pasión todos los días se fortalece con el tiempo. Sus manos ajadas por la tierra aún están firmes para seleccionar los mejores frutos y poder lograr una excelente producción.

El proceso del café en esta finca empezó muy artesanal y aún se conservan muchos procesos manuales. La recolección la hacen don Aurelio y unos cuantos trabajadores que consigue de vez en cuando, porque, como afirma, cada vez es más difícil conseguir buenos jornaleros que cumplan bien la labor y sean prestos a hacer el trabajo. El secado del café sigue siendo artesanal aunque avance la tecnología. Es un proceso largo y demorado, incluso se vuelve complejo para aquel que no tenga paciencia.

Don Aurelio empezó tostando el café en sartenes y, aunque se quemaba, fue aprendiendo. Ahora tiene una tostadora un poco más sofisticada pero no deja de ser rústica y de elaboración casera. Una máquina fabricada para moler maíz, para hacer arepas, fue adaptada por este caficultor para ser usada como su primer molino de café. Con este artefacto hizo los primeros experimentos de este tipo en su pequeña fábrica que ahora es una gran empresa. La mayoría de implementos han evolucionado y sobre todo que para poder obtener los diferentes registros sanitarios ha requerido hacer ciertos cambios técnicos.

Cada uno de los granos que salen de la finca Boquerón empacados en bolsas para la venta, han sido cultivados, cosechados, secados y tostados por la empresa de don Aurelio y se convierten en ganancias para esta familia campesina que trabaja unida para obtener los mejores resultados. Además, el Café Boquerón no tiene mucho que envidiarle a los cafés nacionales de venta en el municipio, pues comparten estantería en el supermercado y además ya lo conocen internacionalmente pues se exporta para Estados Unidos y ha llegado a otros países. Ahora en el mercado local compite con otros cafés que también producen los sonsoneños y son igual de deliciosos.

El amargo sabor de una taza caliente de café, siempre está a la orden en la casa de don Aurelio, donde solo le hecha azúcar el que no lo sabe tomar.

Por: Paulina Yepes Villegas

*Nota de la autora: este reportaje fue realizado en noviembre de 2014; sin embargo, ahora es tenido en cuenta puesto que no se había publicado y además es una historia que sigue siendo vigente, no solo para don Aurelio que continúa con el proceso del café, sino que además refleja el sentido emprendedor de varios sonsoneños que ya también comercializan sus propias cosechas.