El monocultivo de aguacate en Sonsón: ¿un injerto sin fronteras?

Juan Guillermo Carvajal Mazo, Tecnólogo Agropecuario, Licenciado en Agricultura, Administrador de empresas agropecuarias y docente jubilado del Sena, se ha capacitado desde hace más de treinta años en el cultivo de diferentes plantas frutales, entre ellas, el aguacate. Especializado en países como Israel y Chile, asegura haber llevado a los campos del oriente antioqueño, varios tipos de monocultivos como el lulo, la uchuva, el tomate de árbol y el que ahora en los círculos de mercadeo agrícola comienzan a nombrar “oro verde”: el aguacate.

 

Hace más de dos décadas, Carvajal Junto a un amigo español, enviaron un estudio de suelos a la Universidad de California con los datos del cañón del río Arma y recibieron como respuesta que se trataba de la segunda o tercer zona más propicia a nivel mundial para sembrar Aguacate Hass. Esta es una de las razones por las que Carvajal tiene una finca productora de esta fruta en la vereda Tasajo del municipio de Sonsón en el oriente de Antioquia.

 

Juan Guillermo recuerda que en Octubre de 1987, mientras solucionaba un problema con el tomate de Árbol en Sonsón, dictó unos talleres sobre distintos frutales a varios campesinos. “Por aquí todo el mundo decía que como iba a pegar el aguacate en tierra fría; que eso no servía. Entonces dije ‘como no, espere y verá’, y me fui allí a Tasajo y allá me recibió la familia Castañeda, que fueron de los primeros en empezar a sembrar Aguacate en Sonsón”. Ya instalado en Tasajo, desplegó su accionar por veredas como Llanadas, El Brasil, La Morelia y muchas otras, injertando en la cultura campesina de la región el apego a productos como el aguacate y la uchuva.

 

“Yo traje poray unas siete u ocho variedades de Aguacate cuando hice compañía con German Castañeda, y en la actualidad tengo 16 variedades diferentes. Al principio la gente no se encarretó mucho con el cuento; poquitos empezaron a sembrar. Pero cuando ya vieron la bondad del cultivo y la permanencia hay sí muchos empezaron. Aquí salían 8 o 10 toneladas a la semana, y me contaba aquí Libardo el del acopio que el mes pasado salieron 280 toneladas”.

 

Según un artículo publicado en el periódico Delaurbe por la estudiante de Comunicación Social y Periodismo Jesica Montes en diciembre de 2018, a la fecha había aproximadamente 3000 hectáreas cultivadas con aguacate en Sonsón y que en 28 de las 153 veredas del municipio se sembraba la fruta. El articulo llamado “Si todos nos ponemos a sembrar aguacate ¿qué vamos a comer?”, dice que en 2016 Colombia exportó 35 millones de dólares en aguacate de la variedad Hass y que al año, Sonsón cosechaba unas 15.000 toneladas de aguacate. Sobra decir que el foco de este artículo giraba en torno a fomentar la discusión sobre la expansión acelerada del monocultivo.

 

“El padre Henry”, reconocido líder comunitario de Sonsón perteneciente al Movimiento por la Vida y la Defensa del Territorio -MOVETE- expone claramente los efectos negativos de la siembra extensiva de aguacate en la vereda Sirgua Abajo del corregimiento Los Medios. Cuenta como han convertido grandes extensiones de tierra en monocultivos de aguacate y como afecta esto a la comunidad.

 

Ahora solo se nos habla del aguacate y entonces todo el mundo comienza a sembrarlo porque es el boom del momento y lo que más plata va a dar. Tradicionalmente por aquí está vereda es de mucho cultivo: la papa criolla, la papa capira, el maíz, el frijol, la arveja. Pero al parecer, solamente vamos a comer después aguacate.

 

Entre el consuelo y la preocupación, el padre narra como toda esa diversidad va quedando en el olvido, mientras monocultivo se expande.

 

En Sirgua arriba, muchas fincas las ha comprado y arrendado, inversionistas de EEUU y Chile. Esto ha hecho que la tierra se privatice al punto de que prohíben el paso a personas de la comunidad, por caminos que originalmente han sido de servidumbre. Rosa, una mujer de avanzada edad relata cómo se ha visto afectada por este y otros fenómenos.

 

“A uno ya le toca dar la vuelta por la quebrada, porque por encima no se puede; dicen que es malo para el cultivo. Otra cosa es que primero uno podía tomarse el agua así cruda y ahora ya nos da miedo porque está contaminada con tantos venenos que le echan al aguacate”.

 

Juan Guillermo ha sido testigo de cómo el cultivo se ha extendido de manera exponencial. Pasó de ser uno de los mayores productores, a ser uno mediano precisamente por la saturación del mercado. “De una u otra forma no es bueno que la gente se dedique a sembrar solo Aguacate porque uno ve que por ejemplo muchos que sembraban papa, ahora la compran en el pueblo. Yo en mi finca procuro sembrar muchas cositas para comer, porque sé que hace falta.”

 

Asegura que es más buena que mala la expansión del cultivo en Sonsón, y piensa que el monocultivo de aguacate le ha dado un mejor nivel de vida muchos campesinos. Carvajal tiene buenos referentes para asumir su posición. En la actualidad, países como México y Chile, tienen gigantes proyectos en marcha con el monocultivo del “Oro verde”, al punto tal de que hace poco, México dijo que generaría más ingresos a la economía nacional con el aguacate que con el petróleo. Es por eso que no solo en Sonsón, sino en muchas regiones de Colombia, la moda de sembrar la fruta, está en pleno auge y en muchos proyectos productivos está inmersa la idea de hacer brillar más este “metal” vegetal.
Pero contrario a Juan Guillermo, Manuel Estrada, un habitante de Medellín, piensa que el monocultivo es más malo que bueno y arroja un punto de vista clave frente a las desventajas en la economía no solo de Sonsón, sino de Medellín.

 

 

“Si en Sonsón, que es uno de los grandes productores de comida, se siembra solo aguacate, a Medellín no va a llegar sino esa fruta y como llega menos de otras cosas, es más caro todo. La afectación en la economía es preocupante para todo el pueblo antioqueño porque en varias regiones se extienden los monocultivos”.

 

En conversación con el ambientalista Sebastián Román, representante de la corporación ambiental “Amigos del bosque andino”, asegura que la expansión del monocultivo promueve la deforestación, la desmineralización del suelo y la contaminación del aire y las fuentes de agua. Román amplia la perspectiva de la situación al hablar de la legislación frente a la producción y de cómo el mercado maneja a su amaño el accionar de los campesinos.
“Esta semana escuchaba en la radio a un profesor explicar la manera en que el mercado era quien imponía las leyes de producción en un país como Colombia; y eso es muy delicado, porque sabemos que son los mercados los que están acabando con los recursos naturales.”

 

Román habla de la importancia de ir cambiando paulatinamente, porque el campesino es muy reacio y se ha dejado influenciar del discurso extractivista de las multinacionales. “Yo pienso que al campesino hay que brindarle esa capacitación que no se le ha brindado y recordarles que sus abuelos cultivaban de todo un poquito, sin ningún veneno y con las fuentes de agua limpias. El campesino debe dejar desembrar una sola cosa y sembrar de todo para el consumo: hortalizas, tubérculos, frutas, y si quiere vender, está bien que deje de usar tanto químico”.

 

Frente al uso de agrotóxicos en el cultivo de aguacate, Juan Guillermo piensa que aquí el campesino por lo general los usa de manera irregular y con pocos controles. Usa abonos sólidos para el suelo como triple 15, pero asegura que no aplica ningún fertilizante foliar a excepción de algunos casos donde utiliza Ají picante para repeler insectos. “Yo mantengo por ejemplo gallinas sueltas para alejar insectos y otros sistemas de control biológico que me ayudan a fortalecer el cultivo. Pero los vecinos míos que son de cultura papera y frijolera, y que están acostumbrados a usar mucho veneno, dicen que tienen que regar cada ocho o cada quince días, cuando el aguacate no necesita tanto.”

 

Sí bien el aguacate ha sido clave para el fortalecimiento de las economías campesinas de Sonsón y de otras regiones del país donde se cultiva la fruta, cabe resaltar que hay pérdidas ecológicas y sociales que a mediano plazo pueden ser irremediables. La contaminación de las fuentes de agua, la deforestación y la pérdida de la soberanía alimentaria, son algunas. De otro lado, es importante anotar que si Colombia tiende a cambiar su dependencia de los hidrocarburos, no debería ser precisamente por la expansión del monocultivo de aguacate, ni de ningún otro. Eso no es soberanía; al fin de cuentas, como sucede con el oro amarillo, el oro verde no se come, se va para el extranjero.

Por: Sebastián Yarce Gil
Articulo publicado originalmente en Periferia, prensa alternativa.